domingo, 1 de julio de 2012

Susi


Susi tenía miedo a su propio corazón. Era grande, hermoso y brillante. Normalmente latía suavemente, sin sobresaltos. Bombeaba sangre a través de su cuerpo. Le permitía enamorarse. Querer a la gente de su alrededor. Era enorme.

En otro tiempo, el corazón de Susi había albergado mucho miedo. Días grises en los que desperdiciaba su cariño en forma de lágrimas cada vez que se levantaba por la mañana. Aprendió a cortar el grifo, permitir que saliera muy poquito, el suficiente y justo para ella misma. Pero el chorro era escaso.

Susi pensó que jamás volvería a abrir el grifo de nuevo. Se encerró en su nido de temores y se centró en las partes prácticas de su vida.

Sin embargo, ahora no le ocurre eso. Sin saber muy bien cómo, su corazón volvió a abrirse, y el cariño salía a borbotones de éste. Empezó a regalar a todo el mundo. Cualquier persona que se acercara obtenía un poquito, y el que se lo merecía, algo más. No supo contenerse.

Había algunos que lo tiraban nada más conseguirlo. Otros lo dejaban abandonado en un rincón.

Susi lo sabía, y le importaba. Por mucho cariño que ofreciese, se acordaba de todos. De absolutamente todos. De las cosquillas de aquel, de los escalofríos de ese. Cada pedazo de su cariño tenía nombre y apellidos. Se acordaba de cada sonrisa, de cada roce.

Aún así, Susi seguía dando trocitos de su vida. Pequeños eslabones de una gran cadena que un día le apretó el cuello y le impidió respirar.

Susi no era tonta. Susi sabía que eso no podía ser. Que debería limitar lo que ofrecía, y ver si la persona a la cual se lo ofrecía era digna de ello.

No importa. Susi seguirá bailando entre las llamas de un fuego que no puede controlar y que acabará por comérsela viva. No le importa.

No le importa.

No le importa.

A veces llora, toda esa gama de emociones la acongojan y le hacen sentir como una niña.

No le importa, tiene que ser fuerte.

A veces percibe las cosas con tanta intensidad que desea salir corriendo.

A veces, debería hacerlo.

A veces...

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...