domingo, 18 de diciembre de 2011


Y llegado el puente, María no sabe qué dirección tomar. Ha estado caminando durante días por un sendero dorado, lleno de vida, donde cada bocanada de aire sabía a algodón de azúcar, el sol calentaba su nuca y su sonrisa nunca se apagaba. Las cosas eran bellas por esos parajes. No se parecía en nada al sombrío lugar que había dejado hacía tiempo atrás. Por primera vez en su vida se sentía dichosa, pero notaba que algo la empujaba a avanzar. A volver a cambiar de lugar, a seguir explorando. El algodón de azúcar le seguía sabiendo bien y sabía que echaría de menos poder andar descalza por esos caminos de tierra blanda y olor a salmón. Notaba como si esa cosa le metiera prisa, un nudo en su pecho le acuciaba a caminar más rápido, a dirigir su mirada al horizonte, a no sentirse contenta con lo que ya tenía. Dejaba atrás muchas cosas, recuerdos cristalinos y puros que siempre guardaría en su corazón, lagartijas feas que había recogido por el camino, trozos de un mundo que le había cambiado, le había transformado en lo que ahora era.

María se apoya en la barandilla y observa el cauce del río. Lleva mucho caudal, y le salpica en las mejillas. A lo lejos ve un pato, empujado por la corriente, que se dirige hacia ella. El pato no hace ningún movimiento, se deja llevar por la corriente, como si le importara muy poco dónde le lleva. No parece asustado, ni con ganas de salir del río, simplemente sortea alguna piedra que se interpone en su camino. En el camino que le ofrece el río.

A María le gustaría ser como el pato. Le gustaría poder dejarse llevar, no cuestionarse dónde ir, no preguntarse a diario dónde acabará el camino. Le gustaría poder sortear con facilidad los obstáculos que se interponen en su camino, y dejarlos atrás cómo si jamás hubieran ocurrido.

martes, 13 de diciembre de 2011

Perdida en la ciudad vi a Indiferencia andando distraída, cada día,
Sin saber que yo existía, Su mirada ausente entre la gente no me seducía,
Demasiado fría, algo me decía “desconfía”,

Nach&Ismael Serrano - Ellas

miércoles, 7 de diciembre de 2011


http://www.youtube.com/watch?v=ill8s6BtW08

Je suis perdu.
A la pequeña Pandora se le da bien guardar secretos. Tiene sólo dos amigos de fiar, ella misma y su pequeño diario, en el cual anota sus fechorías, sus más obscuros pensamientos, su infinitud de sensaciones hacia el mundo que la rodea. A veces no le cuenta todo a su segundo amigo, ya que es incapaz de describirlo. Esa multitud de impresiones, plasmadas imposiblemente en el papel, la embriagan, y le hacen andar en círculos. Problemas sin solución, preguntas sin respuesta e ideas desordenadas. Cosas que jamás deberían ser sentidas, pequeños impactos en cada parte de su alma, que posteriormente dejan una breve marca. Una marca que queda perfilada. Un sello.




La pequeña Panda abre una botella, y toma un largo trago. Encuentra un par de pastillas en su bolso y se las traga. Bebe de nuevo. Aspira una calada a su casi acabado cigarrillo y se vuelve a tumbar en la cama. Toma la foto de la mesilla y la observa largamente.





La rompe en pedacitos y los deja caer sobre su cara.





Asiente.





Da la vuelta a la almohada y se echa a dormir. 




miércoles, 23 de noviembre de 2011


Probablemente una de las cosas que causan más impotencia en la vida es intentar impedir que la cabeza se sature con ideas irracionales, sentimientos incontrolables que no se pueden dejar de lado y pican hasta que, al rascarlos, forman una rojez en la piel. Esa rojez es la marca de la mala conciencia.


sábado, 22 de octubre de 2011

Con cierto regusto a hielo.


Cuando muerdes el hielo, éste se queja, y te hace daño en los dientes. Si te dedicas a acariciarlo, te hace cosquillas en la punta de los dedos. Si te lo llevas a la boca, se derrite.

A veces, el hielo acompaña cosas. Bebidas burbujeantes. Una rodaja de limón. Una luna llena.
También puede enfriar bebidas calientes. Un cortao con hielo, camarero. Una noche estrellada.

El hielo enfría, pero ¿a qué sabe el hielo?

Sabe a tardes de rabino. Sabe a noches de desenfreno. Sabe a polos de fresa. Sabe a cerveza en la fresca.

lunes, 17 de octubre de 2011

Va de ensaladas

A veces, las patatas no son tan exigentes.

Señor rana, ¿qué es lo que me pasa? Soy incapaz de hacer una buena ensalada. Aparte de los componentes básicos; lechuga, tomate, soy incapaz de elegir nada más. Como todas las buenas ensaladas, siempre hay varios ingredientes que les dan todo su color, y por encima de todos esos ingredientes, existe uno, pero tan sólo uno, que le da el toque personal a todo el conjunto. Sin embargo, a la hora de preparar mi ensalada, soy incapaz de elegir ese uno. Bueno, tampoco me malinterprete, sé elegir el que más me gusta, pero sin embargo me planteo echarle otros. No, no dejaría de echar el que ya tengo. Sí, quizás debería elegir aliñarlo con otro tipo de vinagre. A lo que me refiero es que a veces me apetecen palitos de pescado, o huevo duro, o incluso pimientos; pero sé que todo junto no combina. No, no, no, no quiero acabar con esta ensalada convertida en macedonia. En las macedonias pasa distinto, te da igual echarle piña que plátano, kiwi que manzana, los sabores se contrarestan y queda  todo muy sabroso. Luego se riega todo con un poquito de zumo de naranja y algo de azúcar, y no hay dios que lo separe. Pero a lo que me refiero, mi querido señor rana, es que no sé a lo que me refiero. No sé si quiero ensalada o macedonia. No sé si quiero que todos mis ingredientes estén a la misma altura. Porque siempre me gustará más el plátano. O los palitos de pescado, vaya. ¿Me entiende, señor rana? ¿Señor rana? Vaya... se ha dormido.

Sólo quería decirle que no hay manera de vivir sin ensalada.

lunes, 3 de octubre de 2011

Lunes, 3 de Octubre


Hoy ha sido un día muy bonito. Por fin Anita podía salir a dar un paseo después de su largo encierro. La neumonía la había postrado en la cama durante varios días; y debido a su corta edad, necesitaba más descanso que cualquier miembro de la familia. No importa. Unos cuantos días más de mimos, de leche caliente con miel y panecillos rellenos de crema; y lista para volver a salir a correr. Su recuperación ha coincidido con el inicio de la primavera y mi regalo ha sido una corona de flores recién cortadas.

Me encanta su pelo cuando corre. Decenas de tirabuzones dorados bailan a merced del viento cuando lo hace. A veces se cae al suelo, y se lastima un poco, pero al hacerlo, briznas de hierba quedan enganchadas en sus bonitos rizos. Le ayudo a levantarse y me aseguro de que respira bien. Recojo su pelo con una cinta roja y la dejo marchar de nuevo. Pobrecita, hacía mucho que me suplicaba que la dejara salir.

Me siento en un banco y me pongo a pensar. En cuando yo tenía las ganas de correr durante toda la mañana sin cansarme. De observar las nubes tirada en el suelo. Bueno, realmente no fue del todo así. De pequeña, tenía que trabajar en casa, cuidando de mis hermanos pequeños. Madre salía pronto de casa, a trabajar. De padre nunca supe nada. Madre contaba que murió, en una horrible guerra, luchando porque nosotros viviéramos en un mundo mejor. Las vecinas aprovechaban cualquier situación para contarme que eso no era cierto. Decían que padre había abandonado a madre porque ésta era poca mujer para él. Nunca supe muy bien qué significa esto. Madre me aconsejó un día que no debía escucharlas. Aprendí a ponerme las manos en las orejas y cantar a voz de grito la canción del circo. Aprendí a cantarla muy bien. Era la canción que siempre tocaba el circo cuando venía a la ciudad. Nunca podíamos permitirnos ir a verlo, pero un día madre apareció en casa con dos entradas. Dejamos a Miguelito y Bernabé con una de nuestras odiosas vecinas y fuimos a verlo. Suerte que el pobre Bernabé sufría de algo de sordera y no podía oír del todo las envenenadas palabras de la vecina. Miguelito ya era grande y procuraba no escucharla de todos modos.

El día del circo fue maravilloso. Una lágrima moja mi delantal cada vez que lo rememoro. No importa, no es de tristeza. Recuerdo que madre ahorró para comprar un algodón de azúcar. Jamás había probado algo tan delicioso. Nos los comimos antes de que empezara la función. Y mientras intentaba despegar un trozo de mi pelo, las luces se apagaron y empezó la música. Un trapecista voló por encima de los espectadores. El público ahogó un grito al verlo superar un salto extremadamente complicado. Más tarde aparecieron los domadores de leones. Después de la función salí gritando que quería ser domadora de mayor, pero madre me convenció que eso era un trabajo de chicos. Que era mucho más bonito ser la bella trapecista que pasea encima del elefante, con su traje lleno de lentejuelas, deslumbrante a la luz de los focos, y hermosa como una princesa traída de Oriente. Consiguió convencerme de ello, pero al rato me miró a los ojos y me dijo que yo podía ser lo que quisiera. Después, me besó en la frente. Creo que no podré olvidar jamás aquel beso azucarado.

Volvimos a casa, y recogimos a Miguelito y Bernabé de las garras de aquella vieja arpía. Al menos no nos podíamos quejar de que los hubiera alimentado mal. Cada vez que dejábamos los dejábamos con Doña Dolores, volvían a casa con la cara manchada de chocolate, nata y mermelada y el estómago lleno de los mismos. Madre nos acostó y nos cantó la nana de todos los días. Yo me quejaba de que ya era mayor para esas cosas, pero dormía con mis hermanos y tenía que aguantarlo. Madre también dormía con nosotros, pero esa noche tenía que hacer el trabajo que no había hecho por llevarme al circo.

Anita se vuelve a caer, y voy hasta a ella para ver si se encuentra bien. Antes de llegar, ya se ha levantado y me hace la burla sacándome la lengua. Consigo atraparla para ponerle bien la camisa y arreglarle los rizos, pero vuelve a escaparse detrás de su amigo Carlos.
Vuelvo a mi banco y a mis pensamientos. Recuerdo el día del circo como un día muy bonito, pero también recuerdo que la mañana siguiente no fue nada bonita. Recuerdo despertarme y oír ruidos extraños, ruidos que no conseguía ubicar. Me levanté corriendo en busca de madre, pero no estaba a mi lado. Pensé que había salido a trabajar temprano, para recuperar el trabajo perdido ayer. Nada más salir choqué con un señor de uniforme y grandes botas negras. Recuerdo esas botas. Olían a cuero y betún. Olían a malas noticias. Doña Dolores también estaba en la habitación y algunas marujas de mi edificio. Levanté la vista y ví que esas botas negras estaban pegadas a un señor. Un señor de bigote. Miré a Doña Dolores, expectante. Ésta se llevó las manos a la cabeza y se echó a llorar. Pobres criaturas, sollozaba. Tan pequeños en el mundo y abandonados de nuevo. Yo no entendía nada. De pronto apareció el pequeño Bernabé y me tiró de la manga. Siempre hacía eso cuando madre no andaba cerca. De pronto, comprendí. El señor del uniforme me agarró por los hombros y me acercó a Doña Dolores. Ésta me acarició la cara con el índice y volvió a sollozar.

Hace treinta años desde esa mañana de enero. Doña Dolores nos adoptó a Bernabé y a mis hermanos. Trabajé desde el primer día cuidando de sus nietos, primero como una prima lejana y más adelante como una criada. No me importa, he sido feliz. Bernabé mejoró de su sordera y Miguelito se hizo todo un hombre. Los dos ahora son ganaderos y la señora les dejó independizarse. Yo en cambio, preferí quedarme en la casa. Cuidando de niños que no son míos, como lo hice en su día con mis hermanos. Sólo que a veces sueño con que soy yo la que lleva ese traje de luces, sobre el lomo del elefante, saludando a todo el público.

Anita vuelve a caerse. Suspiro. Apoyo las manos en mis caderas y sonrío.

martes, 30 de agosto de 2011

A cualquier otra parte

Querida amiga:
Te habla tu conciencia. Sí, la que todo lo sabe. La que está al tanto de tu situación. La que conoce cada uno de tus pensamientos, de tus sentimientos y a pesar de ello, no te juzga. Al fin y al cabo compartimos un mismo cuerpo, y eso me hace ser bastante comprensiva contigo. Sólo estoy aquí para hacerte entender que te comprendo, tus miedos y dudas, tus deseos y pasiones; y que no tienes porqué avergonzarte de ellos. Sé que en algunos momentos hemos estado disconformes, yo te daba una serie de razones por las cuales no actuar de cierta manera, pero tú te hacías la sorda. No importa, te entiendo. De verdad. Entiendo que tienes impulsos, que hay cosas que no puedes controlar. Tampoco creo que no me escucharas, al fin y al cabo jamás podrías ignorarme, con todos esos gritos que te doy de vez en cuando. Por eso te pido perdón si alguna vez me he pasado. Nunca he buscado ofenderte, o hacer que te sintieras confusa. Tan sólo deseo lo mejor para las dos. Sé que no entiendes algunas cosas, pero precisamente estoy aquí para eso, para hacértelo entender.

Me estoy yendo algo por las ramas. Sólo quería tranquilizarte. Que a pesar de todo, voy a estar ahí, acompañándote. Si alguna vez das un paso en falso, yo estaré ahí para aconsejarte. Para decirte "te lo advertí" y luego buscar nuevas ideas para solucionarlo. Espero no pasarme con lo de echar las cosas en cara. Ya sé que a veces te machaco un poco. Pero créeme, es por el bien de las dos. Te haces un poquito más fuerte cada vez que lo hago. Y si a veces piensas que te abandono, no es cierto. Es simplemente que tus impulsos se han vuelto un poco más independientes. Pero no te preocupes, sabré saltar en el momento oportuno. Y qué narices, quizás tú en ese momento tengas razón. Nunca se sabe.

Así que ya sabes. Si te ocurren cosas que no puedes controlar, cuenta conmigo. Te ofreceré mi punto de vista. Pero deberás saber que la última palabra no la tengo yo.

jueves, 21 de julio de 2011

So if you're too school for cool,
and you're treated like a fool,
you can choose to let it go
we can always, we can always,
party on our own...

domingo, 12 de junio de 2011


Velas rosas. Albornoz naranja. Una bolsita con unas sales verdes. Un botecito con olor a manzana.
Poca luz.
Suena el chorro de agua caliente. El vapor asciende. La cera de la vela se derrama.
Una sonrisa. Una observación. Una aceptación.
Un pie. Unas uñas verdes.
Espuma blanca.
 
Reflejos en la espuma. Una llama se apaga.

Agua caliente. Muy caliente. La espuma caricia la piel. Soplas, y salen volando. Un pie se estira. Una rodilla cruje. Apoyas la cabeza. Curvas. Algo acaricia tus muslos. Más burbujas.

Cierras el grifo.
Algo se mueve. El jabón se desliza. Acaricia. Besa. Te hundes en el agua. Buceas.
Olor a manzana. Olor a vela perfumada. Olor a agua caliente.

Perlas de sudor acarician tu frente.
El jabón se derrama.

El agua suena. El agua susurra. Canta.

Ascienden miles de burbujitas.
Las gafas se caen.

La punta del pie roza tu rodilla.
La otra llama se apaga.



sábado, 11 de junio de 2011

Chojin

No sé si te habrá pasado alguna vez lo de querer desconectar. El mundo va demasiado rápido, y hay veces en las que piensas "nah,a la mierda, yo me bajo" Bien pues no creo que sea tan mala idea eso de pararse, de vez en cuando aunque sólo sea un rato.

Cuando estás cansado yo creo que es mejor respirar relajado. Pararse, sentarse un rato y olvidarse de tanto lió y tanto cabreo innecesario.
Vamos, hazlo, está en tu mano, a veces parece que no pero el tiempo es tuyo y puedes gestionarlo.
Deja tu mal rollo a un lado, sí, tiempo tendrás para usarlo, ahora calla, duerme, come y no contestes al móvil.
La gente habla, corre, causa estrés y regresiones, pero también hay los que son hogueras donde calentarse por las noches.
Para que exista una sombra, debe haber un obstáculo, pero también una luz, todo es cuestión de buscar el angulo.
La botella no está ni vacía ni medio llena, está por la mitad, que lo interpreten como quieran.
Mientras tu cierra, por un cartel en la puerta, y ahora vuelve y escuchas el tema que te transporta a otro planeta.
Y es que las musarañas sí existen, en mi cuarto tengo miles, corre ve y diles que no estoy porque no vine. ¿Qué no sabes que fue de mí? Que llamas y continúa el mensaje de apagado o fuera de cobertura. Las musarañas sí existen, en mi cuarto tengo miles, corre ve y diles que no estoy porque no vine. ¿Qué no sabes que fue de mí? Que llamas y continúa el mensaje de apagado o fuera de cobertura.
Ponerse el pijama a las seis de la tarde de un martes es, ufff, algo que hay que hacer alguna vez.
Mañana di que estuviste mal o que el móvil estaba averiado, o que... o no digas nada y que no te pregunten, ¡pesados!
Un buen baño o simplemente tirarte en tu cuarto, piensa en lo que te apetezca hacer y hazlo, de vez en cuando sí, debes pensar tan sólo en ti, en tu salud mental y en lo que te venga mejor a ti.
Querer un rato de soledad es humano y es parte del paquete, yo respeto los de los demás y exijo que los míos los respeten. No se puede ser simpático siempre, y estar dispuesto, sonriente y educado y brillante y encantador y sobresaliente.
Lo siento tío, no se puede, y como no se puede ni lo intentes. Mejor diez días al 100% que once al 99. ¿Qué? ¿Consejo? No, no es eso, sólo advierto por si algún día me llamas y no contesto la llamada.
Las musarañas sí existen, en mi cuarto tengo miles, corre ve y diles que no estoy porque no vine. ¿Qué no sabes que fue de mí? Que llamas y continúa el mensaje de apagado o fuera de cobertura. Las musarañas sí existen, en mi cuarto tengo miles, corre ve y diles que no estoy porque no vine. ¿Qué no sabes que fue de mí? Que llamas y continúa el mensaje de apagado o fuera de cobertura.

El teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento, por favor, inténtelo de nuevo más tarde.
Sigue, sigue, sigue, sigue. Sin distracciones. Más irracional que nunca. Aprende. Olvida.

miércoles, 8 de junio de 2011

Imposibles

Imposibles.

Ese tipo de cosas por las que uno lucha, aún sabiendo que nunca lleva las de ganar. Lo importante es saber que luchas, que luchas por algo. Pero, ¿si no sabes por qué luchas? Entonces la lucha por imposibles carece de sentido, puedes llamarlo capricho, obsesión generada por gula, codicia, envidia o apetencias no necesarias.
A lo mejor el siguiente paso es buscar un porqué a esa lucha. Creo que lucha no es la palabra más adecuada. Quizás una mejor sería la palabra "búsqueda". Sí. Plantearse si la búsqueda tiene unos motivos razonables, aunque el objetivo no tenga sentido.

Aunque a lo mejor el problema está en la meta. A veces, la meta es un ideal muy lejano, perdido en los confines de la imaginación, fruto de noches y noches soñando acerca de mundos de golosinas y chocolate. Se deshace la boca como un emanem, pero nunca en tus dedos. Una vez que lo tengas bien agarrado, obsérvalo. No te lo lleves directamente a la boca. Esos momentos previos son los más importantes, tienes que saber distinguir si tienes entre las manos un dulce que durará un suspiro; o por el contrario, un caramelo de menta que te recordará su sabor en cada suspiro. Quizás, si te das cuenta a tiempo de la mala calidad de la chocolatina, deberías tirarla. Un mal regusto puede no compensar la satisfacción de haber logrado el objetivo.

Uhmm. Caramelos.

martes, 24 de mayo de 2011

¡Pa' fuera complejos!



Big girl you are beautiful

Walks in to the room
Feels like a big balloon
I said hey girl you are beautiful
Diet coke and a pizza please
Diet coke im on my knees
Screaming, big girl you are beautiful

You take your skinny girl
I feel like im gonna die
Coz a real woman needs a (real man has why)
You take your girl and multiply about four
Now a whole lot of woman needs a whole lot more

Get yourself to the butterfly lounge
Find yourself a big lady
Big boy come on around
And there be gonna do baby
No need to fantasize
Seen some worse in my (faces)
A water in the whole
With girls all around
Curves in the right places

big girl you are beautiful

Walks in to the room
Feels like a big balloon
I said hey girl you are beautiful
Diet coke and a pizza please
Diet coke im on my knees
Screaming, big girl you are beautiful

You take your girl and multiply about four
Now a whole lot of woman needs a whole lot more

big girl you are beautiful

big girl you are beautiful

lunes, 23 de mayo de 2011

#acampadazgz


Ayer, estuve en la plaza del Pilar. Resulta que me habían contado que cuatro perroflautas se habían juntado para protestar. En un principio pensé, ¿por qué?, ¿para qué?; seguro que sólo buscan vaguear. Pero resulta que la noticia empezó a difundirse por las redes sociales. Los cuatro perroflautas habían empezado a ser algunos más. Había algunos sedentarios, personas que se dedicaban a dormir en la plaza, en tienda de campaña. Me imaginé unas cuantas chozas mal puestas, con colillas de tabaco a su alrededor, y un par de tíos con pancartas y guitarras. Me prometí a mí misma que iría a verlo con mis propios ojos, y así poder opinar, o al menos, tener la conciencia tranquila conmigo misma a la hora de opinar.
Llegamos, y ví mucha gente. Gente sentada en pequeños corros, hablando. Una especie de escenario donde había dos altavoces. Muchas, muchas pancartas. Folios pegados a columnas con el mensaje que cada uno quisiera dejar. Muchas carteles acababan con un mensaje de: "...sin miedo". No lo entendí mucho.
En uno de las pancartas se anunciaba una asamblea a las ocho de la tarde. Decidimos volver a esa hora. Se nos explicó cómo iba a estar organizada y se nos invitó a subir al "escenario". Al día siguiente, una chica expondría su opinión de que no era una asamblea, sino pequeños mítines de cada uno.
Todo el mundo que se ponía delante del micrófono, subía únicamente con su atuendo de miembro de una sociedad; consciente de unos problemas generalizados. Algunos explicaban su situación. Otros subían simplemente a gritar algunas consignas. Con algunos estabas más o menos de acuerdo. Otras personas leían poemas escritos por ellos mismos, canciones más o menos acordes a la situación. Era el precio por aceptar a todos. Pero aún así, era bonito. Todas las personas tenían su minuto de atención. Había personas que se emocionaban ante la situación. Jóvenes con fuerza para hacer cosas. Gente mayor orgullosa. Personas que denunciaban problemas concretos. Gente que abogaba por acciones directas. Quizás lo que faltó fue personas que criticaran el propio movimiento, aún así, me gustó ver dos o tres que se atrevieron. De todos modos, se sentia que algo vibraba. Algo que ponía los pelos de punta. Algo estaba ocurriendo.
Y esto es lo que hay amigos. Ha habido votaciones. Ha vuelto a jugarse un juego en el que no me gusta participar, pero sí considero necesario enterarme del resultado. Creo (más bien espero) que exista una manera de cambiar las reglas del juego. Espero algún día, poder tener los mismos objetivos que un colectivo, en el cual poder depositar confianza, bajo otras reglas del juego, o que ese colectivo me ayude a cambiarlas. No tengo soluciones a todos los problemas que nos rodean, y estoy segura que no las tendremos en una tarde, ni en una semana, ni vendrán dadas por una persona o un partido. Hace falta una reeducación, una concienciación.
Sé que mucha gente mira el movimiento desde fuera y lo critica. A algunos no les gustan para nada. Otros, a lo mejor simpatizan un poco con el movimiento, pero dada su naturaleza pesimista, se dedican a decir que no florecerá, que no tiene futuro, aunque quiero pensar que en el fondo, ellos desean que lo tenga. No me imagino otro mejor comienzo para un cambio no violento en la sociedad. Espero que no tengamos que despertar debido a un suceso drástico en la historia. Podemos construir otra historia. Pasito a pasito. ¿Qué sentido tiene un cambio brusco y rápido, si debido a la rapidez del cambio, la gente no se da cuenta de la magnitud y las razones de este mismo? No podemos dar nuevas ideas sin explicarlas.
Y sobre todo, separaos del que intente minar este comienzo incipiente. No se consigue nada sin esperanza ni optimismo. Ya habrá tiempo de ser pesimistas.

Lo consiguieron porque no sabían que era imposible. Jean Cocteau.

lunes, 25 de abril de 2011

El acompañante

Me gustan las estaciones. De autobuses, de trenes. Los aeropuertos, quizás no tanto. Son más estresantes. La gente corre de un lado a otro, siempre con prisas, siempre llegando tarde. Sin embargo, en la de los buses la gente suele ser más tranquila. De vez en cuando, alguien llega tarde y la gente se aparta para dejarle llegar. Hay más contacto humano.

Repito que me gustan las estaciones. Son como enormes cubículos rebosantes de emociones. Personas iniciando un viaje preparado con mucho trabajo. Se respira alegría, se respira ilusión. La gente ultima detalles, recuerda si ha metido todo en sus maletas. Compran los billetes que les llevarán al destino tan deseado. Algunos están algo nerviosos, pero es un pequeño “sufrimiento” muy deseado. Ganas de hacer cosas distinas. Incluso hay otros que van a visitar a personas queridas. Y saben que pronto se acaba el tiempo de echarlas de menos, que por fin podrán estrecharlas en sus brazos.

Otras veces, las personas se van. Vuelven a donde habían venido. Entonces hay emociones distintas. Ganas de volver al hogar, de poder dormir en tu propia cama , de ponerte las zapatillas calentitas de casa y volver a tu rutina. De volver a ver a otras personas con las que compartes tu vida, no por ello menos queridas.

Hay otras personas que van a las estaciones pero no van de viaje. Acompañan a los viajeros en esos momentos llenos de emociones. El viajero puede ser de los que vuelven o de los que van. Pero el acompañante siempre es un acompañante, y sus emociones son distintas al protagonista del viaje. Hay sonrisas forzadas, buenos deseos para el camino, promesas, abrazos, besos. Pero siempre la misma sensación de despedida. Pero aún así, el que despide tiene que mantener la compostura, agitar el brazo cuando el autobus se va, decir adiós adiós, llama cuando llegues, procura descansar, nos volveremos a ver.

Y a la salida de la estación sólo queda una sensación de soledad, de deseos de estar en cualquier otra parte que no sea despidiendo al viajero.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Misery loves company

De estos días que sales de casa con ganas de comerte el mundo, éste ha sido un de ellos. Pero como todo lo bueno no puede durar, ha acabado con una mala noticia y un apagón. Es increíble lo difícil que es expresar con palabras la cantidad de sensaciones que nos rodean a lo largo del día, bueno, no sólo nos rodean, nos absorben, están por dentro, como una espinita clavada en el estómago, o un aleteo de mariposa, o incluso un pequeño monstruo comiéndonos por dentro.

Estoy harta de plantearme siempre lo mismo. De pensar si llego a todo. De ver que no mejoro. De machacarme todo lo que puedo y no ver resultados. No ver premios. Que cada vez quedan menos iniciativas, menos ganas de soñar, de seguir adelante.

Es increíble comprobar como una pequeña cosa mala a lo largo del día es capaz de sacar a relucir los demás defectos que una tiene. Es como si te cambiara la visión. Como que tus ojos ya no pudieran ver las cosas blancas, sino las negras, y además tuvieran una especial velocidad en detectarlas. Una lista interminable de cosas que no te gustaría que estuvieran allí, pero te acompañan, aunque a veces te olvides de ellas. ¿Será lo mismo con mis virtudes? ¿La lista será extensa? Al menos la de los defectos es numerable.

No creo haber escrito nada coherente.

Bleh.

jueves, 24 de marzo de 2011

John Barrow - Maths is everywhere

¡Huy! Después de estos días tan ajetreados, mi bonito viaje a Barcelona y mis largas horas de peleas con momentos muestrales y sus distribuciones asintóticas, toca contar otra vez algo bonito sobre las matemáticas.

Hoy hemos tenido la conferencia del matemático y astrofísico John D. Barrow. En un principio, se presentaba algo complicada, teniendo en cuenta que era en inglés, y en mi opinión, eso resta bastante capacidad de atención. Sin embargo, todo ha ido sobre ruedas, después de una corta presentación por parte de uno de mis profesores de Análisis preferidos (L), nuestro conferenciante ha empezado a hablar de la importancia de las matemáticas en el deporte. Al ser una conferencia divulgativa, ha ido dando ejemplos de como nuestra querida ciencia está presente en muchos de ellos, como por ejemplo el tenis de mesa o en el fútbol. Un ejemplo que me ha encantado es el de los equilibristas sobre cuerda floja.

Me gustaría ser capaz de explicarlo detalladamente, y sobre todo, sin equivocarme, pero probablemente caiga en algún error. La pregunta es: ¿por qué los equilibristas llevan ese palo tan largo mientras caminan por la cuerda? Mucha gente contestaría que es para guardar el equilibrio, y ciertamente no están nada equivocados, pero detrás hay una razón puramente matemática (bastante más física que matemática :D). Si no he entendido mal, la masa del cuerpo que va andando, sumada a la masa del "palo largo" queda extendida por el espacio (más extendida cuanto más espacio ocupe, vaya) y por esa razón los movimientos del total de la masa son más lentos que si no lleváramos nuestro "palo largo", ya que en esa situación la masa estaría menos extendida (me encanta esta explicación de andar por casa). El equilibrista aprovecha esa lentitud de movimientos que su palo largo le ayuda a tener, y por ello, tiene más tiempo de reacción en el caso de desequilibrarse a un lado. ¡Ajajá! Y me pregunto que realmente donde están las mates en todo esto, pues he de decir que el señor conferenciante no ha entrado en muchos detalles, pero creo recordar alguna fórmula por detrás.

Me gustaría acordarme igual de bien de todos los ejemplos que ha puesto, pero sólo puedo añadir que han sido muchos y bastante detallados, aunque echo de menos que me inglés no sea mejor y haberlos podido entender todos a la perfección.

Actividad cultural de la semana complete.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Es hora de ser consecuente.

Llevo un tiempo pensando en escribir algo. Sobre algún acontecimiento, algún tema de reflexión, algo que me sirva un poquito para desahogarme. Contar mis aventuras por la noche de juegos insomne, mis equilibros sobre mis primeros tacones, contar acerca de la serie pija que me estoy viendo, insultar a los grandes almacenes por dejar mi autoestima bajo mínimos con su tallaje asqueroso y sus espejos que no me permiten ver cómo soy realmente.

Nunca sé cómo empezar, y menos, cómo he de terminar. Pero prefiero contentarme con una reflexión pequeñita y una bonita canción.


viernes, 11 de marzo de 2011

Fractal helechoso

Las matemáticas son fascinantes.

Llevo dos días aprendiendo un poquito más de su belleza, y hoy le ha tocado sorprenderme a la matemática aplicada. Con fractales.

La wikipedia me define fractal como un objeto semigeométrico cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. Una vez construido el objeto, si hacemos zoom sobre alguna de sus partes, podemos ver que se repite el objeto que previamente hemos visto en grande. Hay fractales de bastantes estilos, sofisticados para la primavera-otoño o más frescos para el verano. El ejemplo que he tenido el placer de conocer hoy es el fractal del helecho. No nos han especificado nada acerca de lo que íbamos a conseguir en nuestra práctica de modelización, simplemente nos han dado unos datos y nos han dicho que lo programáramos. Tras una ardua tarea de aprender el lenguaje y matarme los ojos para localizar una x mal escrita, hemos conseguido lo que queríamos.

Después de ello, nos han pedido que dibujáramos los resultados. Éstos consistían en las coordenadas de 1.000.000 de puntos que habíamos conseguido a través de un método iterativo. Nuestra sorpresa fue enorme al ver que salía este dibujo:




Después de haberlo conseguido todos (a mí me ha costado un ratito u.u). El profesor nos ha hablado un poco más de fractales. Cotilleando, he conseguido ver algunos realmente bonitos.




¡Ah! Que no se me olvide comentar la gran canción que descubrí ayer, sí, también relacionada con las mates, en la cual se asigna una nota a cada decimal de pi, y vamos, aún a riesgo de parecer repipi, quiero decir que me toco algo el corazón *-*


domingo, 6 de marzo de 2011

A las palabras se las lleva el viento.

Sé que no puedo ofrecerte riqueza ninguna, posiblemente tampoco alcanzarte la luna.
Porque todo lo que tengo lo llevo conmigo,
tatuado aquí, dentro con fuego...
el resto, por cierto, aún lo debo.
Recuerdo que cuando era pequeña creía en fantasías, y ahora estas se han convertido en mentiras..
Otras en cambio aún me hacen compañía...
Resisten a base de hechos,
a las palabras se las lleva el viento.

Y a lo largo del trecho, si no hay nada de emoción me lo invento.
Porque pararse es la muerte, ya lo dijo alguien en su momento.
Notas para el recuerdo... besos en secreto.. lobos que acechan, ovejas se van relamiendo..
y a lo largo del trecho, si no hay nada de emoción me lo invento...
porque pararse es la muerte, ya lo dijo alguien en su momento...
El pastel en la boca, chocolate en invierno.. y otras cosas que me animan, sin ellas muero..
Llorando en el desierto - Notas para el recuerdo
http://www.youtube.com/watch?v=l40Wl91363Y&NR=1

jueves, 3 de marzo de 2011

Globos.

Hay muchos tipos de globos.

Si consigues alguno, es posible que ocurran varias cosas.
Algunos salen volando, dejándote con una sensación de soledad y de alegría efímera. Pero, pasado el tiempo, los recuerdas con cariño.

Hay globos que te acompañan el día de tu cumpleaños, decoran tu ambiente y hacen más agradables determinados momentos preciosos. Al final del día, acaban por explotar o por escaparse.

Todos hemos tenido un globo encerrado en nuestra habitación. Sabemos que lo guardamos porque nos recuerda algo bonito. Pueden ocurrir varias cosas, que al final el globo explote, no es nada, puede haber sido un accidente. Puede que acabemos tirándolo pero, los que carezcan de valor, lo mantendrán apartado en una esquina de su cuarto, cogiendo polvo, molestando.

Al final, suelen acabar por deshincharse. Te dejan un cadáver frío y triste. Se suelen tirar.

O no.

sábado, 12 de febrero de 2011

No puedo más que ofrecerte mi cariño, pero con condiciones.
No es un cariño normal, y probablemente con el tiempo se acabe.
Te darás cuenta de mi personalidad contradictoria o de mis brotes psicóticos.
O de que mi manera de mostrar aprecio está fuera de lo habitual.
Tarde o temprano advertirás mi narcisismo.
Mi falta de voluntad y autoestima.
Te cansarás de mí y encontrarás una nueva vida.
Sin temblores, ni calidez en el estómago. Sin nudos.
Sin preocupaciones.

Ten mi mano, te he preparado una habitación.
No es cómoda.
Pasarás aquí los primeros años.
Tus vecinos cambiarán bastante, pero algunas veces hay habitaciones que no se vuelven a ocupar.
No hay agua caliente, ni mimos, ni abrazos.
Tan sólo los domingos y fiestas de guardar.
Si superas los primeros años, te darás cuenta de que tu habitación cambia.
Quizás es envidiada por otros inquilinos, pero tienes que aguantar.
Tendrá un aura distinta, pero ni siquiera pienses en fardar de ello.
No. Podrías ser degradado. Incluso expulsado.
Habrá una habitación grande, donde el agua es más fría, pero hay mimos y abrazos todos los días.
No sientas envidia, es una habitación difícil. El inquilino que habita en ella suele volverse loco.
Quizás alguna vez esté desocupada.
Pero cuando lo está, suele estar ocupada limpiándose, adecuándola al siguiente visitante.

Si quieres irte, ten cuidado lo que dejas.
Si dejas cosas demasiado grandes, quizás no volvamos a poder reutilizarla.
Te mandaremos una factura si causas destrozos.
Si dejas cosas bonitas, la cerraremos con llave. Quién sabe, a lo mejor algún día vuelves.
Si te dedicas a los destrozos, también la cerraremos. Si vuelves, tendrás que repararlos.
Sea como sea, si te vas sin avisar, tu habitación cogerá polvo.
El polvo vuelve las cosas grises.
No me gusta.
Quizás quieras volver a temporadas.
Ten en cuenta que cada vez que vuelvas tendrás polvo que limpiar.
No nos importa, pero si limpias mucho se va el brillo.

Sólo me queda desearte la mejor estancia que puedas tener.
No pelees con otros inquilinos.
Puedes salir perdiendo.

Estas son las condiciones.
Ahora las conoces, debo saber si aceptas sus implicaciones.

Es el camino que yo he elegido.

viernes, 4 de febrero de 2011

26-II-09


Pídeles que se callen. Hazlo una vez más. Siente como tu voz se pierde en medio de los gritos. Tu mirada se difumina en las sombras y no brilla como antes. No vales nada para ellos, y lo peor de todo es, que lo sabes. Embaucados en sus propias discusiones estúpidas, se olvidan de que estás delante. Sólo pareces importarles si haces algo fuera de lo común.

Te levantas por la mañana. Cómodamente echado en tu cajita de sábanas, maldices un aparato electrónico, que te indica que empieza tu rutina diaria. Paseas por tu gran cajita, satisfaciendo tus necesidades primarias más importantes en este momento. Te vistes como una oveja más, y sales de casa.

Golpéate la cabeza una vez más. Aráñate los brazos, intentando calmar tu dolor. La sangre resbala, fría, incapaz de hacerte sentir mejor.

Oyes como tu espalda cruje. El cansancio te acompaña últimamente cada vez más, mientras piensas que poder hacer con los últimos días de tu vida. Estudiaste para encontrar un buen trabajo, trabajaste para poder mantenerte cuando fueras viejo... ¿y ahora qué? Miras el reloj, son las 7 de la mañana, y sabes que hasta medianoche no volverás a conciliar el sueño.

Aúllas de pánico al comprobar que los gritos todavía no han cesado. Sientes que ya no los oyes como antes, sino que se han colado dentro de tus oídos. Intentas dormirte, pero no puedes. ¿Pensar en otra cosa? No hay nada.

Mal regusto en la boca. Anoche te corriste una buena juerga. Quizás te pasaste con aquella chica, pero te da igual. Enciendes un cigarrillo, y sabes que con un par de litros de agua y un ibuprofeno, esta noche podrás hacer algo parecido. Tienes un momento de debilidad, estás tirando tu vida por la borda. Lo sabes, y te jode. Decides meterte otra raya, traje y corbata, tienes una reunión y no puedes volver a perder más pasta. Putos yonkis callejeros.

Vislumbras los primeros rayos de sol, y te lamentas una vez más haber vivido para verlos. Coges la mochila con los libros, y te diriges al instituto.
Andas despacio, con miedo.
Llegas a la puerta.
Te armas de valor, y entras.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...