martes, 17 de enero de 2023

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a escribir.

Cuando tu última fuente de literatura son los gifs y modismos de millenials tristones que pululan por twitter como tú, no has abierto un libro de verdad desde más de diez años, hulio.

Te dices a ti misma que estás a caballo entre tu vida joven y tu vida adulta, pero no te engañes; tus amigas ya están preñadas y tú empiezas a tener canas en ambas sienes.

Pero la misma nostalgia y a veces, la misma apatía, siguen rellenando los rincones de tu cabeza y cuando menos te lo esperas... ¡Zasca! Los mismos pensamientos de siempre. Aquellos que aunque hayas aprendido a domar, siempre acaban despertando en ti recuerdos de situaciones vividas, situaciones que has querido (y conseguido) enterrar.

Como siempre nunca sabes cómo acabará la cosa, ojalá una bola de cristal para saber más. 

Arrieros somos y en el camino nos encontraremos. 

O algo así 

jueves, 7 de junio de 2018

Rose

Rose estaba un poquito harta ya de todo lo que le rodeaba.

Notaba que su cuerpo estaba cansado. El estrés diario recordaba a su cuerpo el lumbago que de vez en cuando la solía amargar durante las noches de verano. Había conseguido huir de aquel nido de señoros machitos que siempre tenían un comentario que le amargaba la mañana. Parecía que había encontrado un sitio donde la respetaban y reconocían su trabajo y sobre todo donde no tenía que soportar perlas del estilo de:

- Yo en mi casa soy como una mujer cualquiera, friego, barro y ayudo a mi mujer en todas las tareas.
- ¿Unas conferencias sólo dadas por mujeres? Y eso qué público va a tener, ¿un montón de lesbianas? Jejejeje...
- Para algo hemos contratado a Rose <codazo entre machitos>, alguien tiene que entender de colores, ¿no?

Y para de contar.

Cada día llegaba a casa y se quitaba las zapatillas deseando que alguien le diera un buen masaje en los pies. Al menos no llevo los zapatos de antes, pensaba. Se sentaba en su sofá al lado de sus dos bolitas peludas y se ponía cualquier cosa en Netflix. Algunas veces leía.

Hacía poco que se había aficionado a libros de feminismo. Después de la gran manifestación que hubo en España el día de la mujer, había decidido que tenía que formarse. Que sólo leer tuiter no servía.

Y tanto que no servía. Nada más abrir la aplicación la primera en la frente.

¿Dónde están esas feminazis que tanto piden la partidad ahora que tenemos un consejo de ministros mayoritariamente femenino? Más o menos es lo que rezaban algunos tuits.

Le daban ganas de coger la lámpara de lava que tenía a su derecha y estamparla contra la pared más cercana. Aunque realmente lo que quisiese fuera estampársela en la cara del autor del tuit.

Rose había ido aprendido poco a poco. Siempre se había considerado feminista, aunque poco a poco visualizaba actitudes que siempre había tenido, muchas de ellas ahora las odiaba. También las visualizaba en personas de su entorno más cercano y eso la afectaba también. ¿Cómo de repente no estar cómoda con determinados chistes? ¿Qué pasa con esa canción que tanto le gustaba y ahora le resultaba odiosamente asquerosa?

Rose se abre una cerveza y sigue pensando en ello. Lo peor es recordarlo de todo.

Recordar que es una cosa que siempre ha estado ahí. Como la suciedad de entre los cojines del sofá. Como las pelusas de debajo de la cama. Que de normal no lo ves, sólo hasta que se te cae una moneda o tienes que meterte debajo a buscar algo. Sólo se ve cuando metes la mano.

Comportamientos que han estado siempre ahí. En su familia, en sus amigos, en su trabajo. En la persona que menos esperas.

Como infravalorar a una mujer.

Que nadie cuestione cómo ha llegado a una posición de alto nivel.

Suponer que sólo entiende de moda.

Privilegios de macho que se niegan a aceptar.

Como poder volver sola a casa sin necesidad de llevar las llaves en la mano.

Como poder salir a bailar con una amiga sin tener que soporta la mirada de varios cromañones encima.

Como poder estar hablando con alguien en una discoteca sin que te pregunte porqué sales sola sin tu pareja.

Como poder viajar dos mujeres sin que todo el mundo se pregunte qué carajo hacen dos mujeres viajando solas.

Como que nadie cuestione tu condición de víctima violada simplemente porque no te resististe.

Porque no hiciste todo lo posible en tu violación. Porque no fuiste asesinada.

Rose se cabrea, y se acaba su cerveza.

Hoy toca ver Glow.

domingo, 5 de marzo de 2017

Tina


Hace mucho que Tina no escribe. Y eso la agobia un poco. Le entra estrés cada vez que ve un lápiz y su vieja libreta usada. Su vida ha dado muchas vueltas, y ya no es la que era. Pero la que sí que sigue siendo la misma es Tina, con sus miedos e inseguridades.

Antes tenía tiempo para sentarse a escribir. Eran unos pocos minutos al día en los que vomitaba todos sus sentimientos en un papel. Era como darse una ducha parar limpiar todo aquellos pensamientos que acarreaba a lo largo del día.

No quiere decir que ahora no tenga todos esos sentimientos. Claro que los tiene, incluso un buen puñado de sensaciones nuevas que nunca había tenido. Lo que pasa es que nunca encuentra ni el tiempo ni las formas de sentarse al lado de una buena taza de té y expulsarlos de su sistema.

Sigue teniendo miedos. Sigue teniendo ansiedad, sigue quedándose sin respiración. Incluso cuando es todo un ejemplo para los demás de paciencia y diplomacia, por dentro siente como si fuera una loca tirándose de los pelos. Es increíble lo fácil que es hacerse pasar por sensata en estos tiempos.

Lo poco que esctibe no la convence, y muy pronto deja de lado el lápiz y se pone a leer otra cosa. Cosas que no le aportan mucho, pero que le hacen separar su mente de otros asuntos más importantes.

Y se da cuenta que por mucho que crezca o por mucho que piense que su vida avanza, siempre habrá otros nuevos desafíos, otros nuevos retos.

Otros nuevos miedos y dilemas.

China chana deberá ser pues.

miércoles, 1 de junio de 2016

Tambor

Tres conejos tocando el tambor.

Uno lo hace marcando mucho el paso, mirando fijamente hacia delante, intentando conservar el ritmo, sin salirse ni un momento del patrón armonioso que intenta seguir, sincronizando sus pequeñas patitas con el vibrar de la piel en ellas.

El segundo sin embargo, cuyo pelaje es mucho más oscuro que el de su hermano, prefiere llevar un ritmo un poco más jazz, dejándose llevar por cada sonido de la naturaleza, golpeando con cualquiera de sus patas, incluso en algunas veces con su propia cabeza, o con cualquier cosa que se le ponga a mano.

Sin embargo, el tercero es el más torpe. Sus hermanos, algo mayores con él, tocan con técnica o con pasión, mientras que él lo hace de manera lenta, como si estuviera aprendiendo nuevos ritmos. Como si acabara de entrar a la escuela de preescolar y se entretuviera dando golpes a los cubos de plastilina.

Es tiempo de aprender de nuevo.

martes, 24 de mayo de 2016

Maldita

Ella era simplemente una chica gordezuela que solía pasearse entre las faldas de la abuela pidiéndole la merienda. A veces era pan con chocolate y otras era pan con queso.

Entonces ella no lo sabía, pero iba a cambiar el destino del mundo. Ella iba a ser la heroína que derrotara al mal en la tierra. La que haría huir a los demonios con sólo un chasquear de dedos o unas pocas palabras.

Sí, esa era ella. La que una mirada haría que toda la humanidad se arrodillara ante ella. Y no por soberbia, sino a oleadas de humildad. Ella podría con todas las enfermedades, acabaría con la pobreza, erradicar la injusticia.

Pero ella les había traicionado. Se había dejado llevar por los pequeños placeres inmediatos y había olvidado cual era el objetivo final. Derrotar al demonio. Acabar con el mal.

Y lo sabía y le reconcomía por dentro. Había olvidado su promesa. Había olvidado su sufrimiento.

Ya no era la heroína que todos esperaban.

Era su propia heroína.

domingo, 8 de mayo de 2016

Confía

La pequeña Pandora no se fía ya ni de su sombra. Hoy ha salido a dar una vuelta por el centro de la ciudad. paquete de tabaco en mano, libro de Chuck Palahniuk en la otra, música agotadora en sus oídos y un murmullo incensable en el metro. Tiene una media ahora hasta la catedral de Notre Dame, su rincón favorito de la capital francesa, y una tarde deliciosa por delante. A las orillas del Sena aposenta su enorme culo en el suelo, manchándose la falda de posos de la contaminación parisina. Allí lee.

Lee hasta que se hace de noche, mientras miles de turistas se pelean unos con los otros para salir mejor en la foto. Poco a poco los turistas empiezan a desaparecer y aparece otro tipo de personas. Decenas de estudiantes que buscan aprovechar la frescura de la noche a las orillas del Sena.

Se levanta, se sacude la horrible falda de pana y echa a andar.

Pasea mucho, mucho rato. Y por su cabeza siempre el mismo pensamiento.

La sensación de echar de menos a alguien es distinta en cada caso. La mayor parte de la gente suele tener siempre una parecida, la sensación de vacío que deja alguien cuando se va. Como una cama vacía, todavía deshecha, como un hueco en el sitio donde antes había un cepillo de dientes, o una almohada en el sofá sin usar. El silencio en el ambiente por una frase que debería haberse pronunciado, o una risa que se haría de esperar. Se echa de menos una mano en la espalda, o un rincón desocupado en la mesa.

Existe también la nostalgia de echar de menos otra cosa. El poder hacer un rollback de una historia, encontrar el punto exacto en el que las cosas todavía eran evitables. En este caso no es que se eche de menos a alguien, es que se echa de menos el no conocerlo. El no haber vivido todas las experiencias con esa persona. Con el único objetivo de no sufrir o de no seguir sufriendo.

Olvidar esa parte para darte cuenta que si lo hicieras, volverías a caer en el mismo error, porque no cuentas con la experiencia que ya has adquirido.

Panda sigue andando, sigue fumando. El sol termina por caer y ella se mete en el RER B.

lunes, 2 de mayo de 2016

La puños

La puños es la asesina más temida de todo Zaragoza. Se habla de ella como la chica invisible, la que es capaz de completar un trabajo los diez segundos en los que la víctima se da cuenta de su situación y le da tiempo a decir "qué caraj..". Tiene la inmaculada belleza de una mujer que no es bella en absoluto, pero el poder ha vuelto bella. La firmeza de sus músculos, la fiereza de sus negros ojos que clava en tu nuca y no suelta hasta que ella decide. Sus manos, siempre suaves y nunca desgastadas laten debajo de los guantes que utiliza en su miserable tarea.

La puños aparece cuando se le ofrece una suma importante por su trabajo. O cuando a ella le parece importante. Dependiendo de lo que le ofrezcas, cierra antes el pedido. A veces, te pide algún favor, en vez de dinero. Cosas que ella no es capaz. Encargos propios.

La puños es incapaz de querer a nadie que no sea su saco de boxeo. Y realmente lo quiere, aunque lo apalice tarde sí y tarde también. Porque es así como demuestra su cariño. Con violencia y pasión.

Sólo una vez desarrolló un sentimiento. Un sentimiento que la hizo cambiar, que le hizo sentir algo más que el calor y el sudor en sus músculos cuando boxeaba. Cuando mataba.

Acabó estrangulando el sentimiento con sus mismas manos. Y cuando acabó, se echó a reír, observando su cadáver y lamentándose de como una cosa tan insignificante pudiera provocarle tantos dolores de cabeza.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...