lunes, 12 de enero de 2015

Joaquín


Para ti, todo detalle de tu vida tiene que ser perfecto. Los vestidos que luces, las sonrisas que regalas, el tintinear de tu risa o incluso los guiños que profieres a los que se merecen.

La vida no siempre es dulce ni amarga. Hay amargos que saben mejor que otros.

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Y en estos mismos instantes en los cuales ni siquiera las palabras de Saint Exupery son capaces de tranquilizar a tu nervioso corazón, Joaquín te llama. No buscas verlo, no puedes verlo, sabes que no va a ser verdad. Y aún así, te asomas a la ventana. Ahí está, con su pelo revuelto, sus dientes maltrechos y el brillante diente dorado que parece que se ríe de ti cada vez que aparece en escena. Esta vez lleva entre los brazos un montón de flores recién cortadas, aunque a la luz de la farola no se vean, sabes que las acaba de arrancar de la urbanización de al lado. Aún no has conseguido acostumbrarte a este tipo de presentes, pero te siguen encantando. Es como si cada vez que Joaquín robara algo para ti, te regalara un pedazo de encanto del mundo. Te guiña un ojo de esa forma que tu conciencia sólo vuelve a ti una vez que ya has bajado a sus brazos.

Y te besa.

Te besa con esos labios ansiosos, con esos labios que te susurran que tú eres la única mujer en el mundo que merece la pena, te muerden con la fuerza que otros no se han atrevido a tener y sus manos te rodean como si quisieran secuestrarte para siempre.

Pero sabes que no es así.

Sabes que no siempre vuelve cuando promete. Sabes que jura mucho, y cumple poco. Por mucho que sus gestos te hagan ver que eres la única, sabes que no es cierto. Pero no te importa.

En ese momento se funden la luna y las estrellas, y la única cosa que importa es Joaquín y su mirada.

Cuando Joaquín se va, algo se queda en tu pecho. Restos de ese beso se acomodan en tu pecho y se niegan a salir. Y aunque el calor es dulce, al final se vuelve agobio. En tu pecho se sienta algo que se niega a levantarse, por mucho que llores, por mucho que le grites y le digas que jamás volverá a ocurrir.

Tiras las flores a la basura.

domingo, 11 de enero de 2015

Karma


El karma es un precioso globo que nos acompaña, siempre atado a nuestra espalda. Siempre detrás de nosotros como un fantasma silencioso que nos persigue. Pero esos globos que nos acompañan son invisibles a ojos de los demás. Deberíamos olvidar el sentido religioso del karma, e interpretarlo como que cada vez que cometemos un acto que pueda desequilibrar la balanza, se convierte en nuestra condena, en nuestra bola de hierro o nuestro globo de helio, que tira siempre tras nosotros.

Jota siempre andaba con un globo atado al pelo. Es por eso que siempre iba despeinada. Muchos de sus actos tiraban de su pelo, en muchas direcciones, algunas veces enredando su pelo alrededor del cuello.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...