No puedo más que ofrecerte mi cariño, pero con condiciones.
No es un cariño normal, y probablemente con el tiempo se acabe.
Te darás cuenta de mi personalidad contradictoria o de mis brotes psicóticos.
O de que mi manera de mostrar aprecio está fuera de lo habitual.
Tarde o temprano advertirás mi narcisismo.
Mi falta de voluntad y autoestima.
Te cansarás de mí y encontrarás una nueva vida.
Sin temblores, ni calidez en el estómago. Sin nudos.
Sin preocupaciones.
Ten mi mano, te he preparado una habitación.
No es cómoda.
Pasarás aquí los primeros años.
Tus vecinos cambiarán bastante, pero algunas veces hay habitaciones que no se vuelven a ocupar.
No hay agua caliente, ni mimos, ni abrazos.
Tan sólo los domingos y fiestas de guardar.
Si superas los primeros años, te darás cuenta de que tu habitación cambia.
Quizás es envidiada por otros inquilinos, pero tienes que aguantar.
Tendrá un aura distinta, pero ni siquiera pienses en fardar de ello.
No. Podrías ser degradado. Incluso expulsado.
Habrá una habitación grande, donde el agua es más fría, pero hay mimos y abrazos todos los días.
No sientas envidia, es una habitación difícil. El inquilino que habita en ella suele volverse loco.
Quizás alguna vez esté desocupada.
Pero cuando lo está, suele estar ocupada limpiándose, adecuándola al siguiente visitante.
Si quieres irte, ten cuidado lo que dejas.
Si dejas cosas demasiado grandes, quizás no volvamos a poder reutilizarla.
Te mandaremos una factura si causas destrozos.
Si dejas cosas bonitas, la cerraremos con llave. Quién sabe, a lo mejor algún día vuelves.
Si te dedicas a los destrozos, también la cerraremos. Si vuelves, tendrás que repararlos.
Sea como sea, si te vas sin avisar, tu habitación cogerá polvo.
El polvo vuelve las cosas grises.
No me gusta.
Quizás quieras volver a temporadas.
Ten en cuenta que cada vez que vuelvas tendrás polvo que limpiar.
No nos importa, pero si limpias mucho se va el brillo.
Sólo me queda desearte la mejor estancia que puedas tener.
No pelees con otros inquilinos.
Puedes salir perdiendo.
Estas son las condiciones.
Ahora las conoces, debo saber si aceptas sus implicaciones.
Es el camino que yo he elegido.
Pilar Barbero's blog. This place belongs to me and to anyone who wants to enter.
sábado, 12 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
26-II-09
Pídeles que se callen. Hazlo una vez más. Siente como tu voz se pierde en medio de los gritos. Tu mirada se difumina en las sombras y no brilla como antes. No vales nada para ellos, y lo peor de todo es, que lo sabes. Embaucados en sus propias discusiones estúpidas, se olvidan de que estás delante. Sólo pareces importarles si haces algo fuera de lo común.
Te levantas por la mañana. Cómodamente echado en tu cajita de sábanas, maldices un aparato electrónico, que te indica que empieza tu rutina diaria. Paseas por tu gran cajita, satisfaciendo tus necesidades primarias más importantes en este momento. Te vistes como una oveja más, y sales de casa.
Golpéate la cabeza una vez más. Aráñate los brazos, intentando calmar tu dolor. La sangre resbala, fría, incapaz de hacerte sentir mejor.
Oyes como tu espalda cruje. El cansancio te acompaña últimamente cada vez más, mientras piensas que poder hacer con los últimos días de tu vida. Estudiaste para encontrar un buen trabajo, trabajaste para poder mantenerte cuando fueras viejo... ¿y ahora qué? Miras el reloj, son las 7 de la mañana, y sabes que hasta medianoche no volverás a conciliar el sueño.
Aúllas de pánico al comprobar que los gritos todavía no han cesado. Sientes que ya no los oyes como antes, sino que se han colado dentro de tus oídos. Intentas dormirte, pero no puedes. ¿Pensar en otra cosa? No hay nada.
Mal regusto en la boca. Anoche te corriste una buena juerga. Quizás te pasaste con aquella chica, pero te da igual. Enciendes un cigarrillo, y sabes que con un par de litros de agua y un ibuprofeno, esta noche podrás hacer algo parecido. Tienes un momento de debilidad, estás tirando tu vida por la borda. Lo sabes, y te jode. Decides meterte otra raya, traje y corbata, tienes una reunión y no puedes volver a perder más pasta. Putos yonkis callejeros.
Vislumbras los primeros rayos de sol, y te lamentas una vez más haber vivido para verlos. Coges la mochila con los libros, y te diriges al instituto.
Andas despacio, con miedo.
Llegas a la puerta.
Te armas de valor, y entras.
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