lunes, 7 de septiembre de 2015

Bichillo


No soporto los silencios. Mia Wallace diría que has encontrado a alguien especial cuando no sientes la necesidad imperiosa de hablar durante esos pequeños intervalos de tiempo incómodos. Que disfrutas de la compañía de la persona, sin la necesidad de romper el momento con cuatro frases mal construidas que probablemente acabarán en una conversación monótona y aburrida de gustos musicales o cinematográficos.

Sin embargo, yo odio el silencio. Tengo la necesidad de comunicarme a cada momento. De transmitir lo que siente mi piel, las vibraciones que percibo. A veces lo hago de manera no verbal, pero no siempre se me entiende. Por eso hablo tanto. Porque me hace falta. Puede ser que la razón sea que soy una negada en leer las caras de la gente. O que precisamente las leo, pero necesito que me lo transmitan de una manera más física. Por escrito, por duplicado y con buena letra.

domingo, 26 de julio de 2015

Y ahora qué.

¿Sabes esas películas de autosuperación en las que sabes seguro que, por muchas dificultades que se interpongan en el camino del protagonista, éste llegará sano y salvo al final? Y aunque no llegue de manera exitosa, en el último momento se verá que todo el trayecto ha merecido la pena.

Pero sin embargo, otras vidas son como las de los gatos. Pero no de un gato doméstico no, para nada. Los gatos domésticos son mimosones y caprichosos. Puede ser que haya vidas así, pero no ésta que estoy intentando describir. Me estoy refiriendo a una vida de gato nocturno, callejero. Que salta de tejado en tejado, buscando algo. A veces, puede que no sepa ni siquiera qué busca. Puede ser que haya cazado un par de ratones, que ya haya comido, pero ni aún así está saciado. Muchas veces se dice que la curiosidad mató al gato, pero aún así, sigue indagando. Indaga en algo que ni siquiera conoce. Su vida transcurre durante una noche demasiado oscura como para ver el final del camino, y cuando empieza a clarear, busca un sitio para dormir, así que nunca llega a ver la luz. Y un buen lector aquí se preguntaría que porqué el gato no hace sus averiguaciones por la mañana, a plena luz. La respuesta es simple: sería demasiado fácil. Quizás porque realmente ya conoce las respuestas a todas sus preguntas, pero que quiere hacer como que no las sabe. Que sabe que su vida carecería de sentido si algún día consiguiera su objetivo. El motor que le hace seguir saltando entre los tejados.

Está claro que la vida del gato es solitaria. Puede que se cruce con otros gatos por el camino, gatos más caseros incluso. Algunas de estas veces se cruza con gatos más salvajes que él. A veces le arañan, o le maúllan con envidia. En esas ocasiones suele intentar huir. Frecuentemente quieren arañarle. A veces lo consiguen...


No sé porque intentas engañarte tanto. Crees que quieres demasiado a la gente, pero el intentar querer a todos y a cada una de las personas que muestran un mero interés por ti, no te ayuda. No te hace más fuerte. No te hace mejor persona. Te hace débil e incompetente. En un burdo intento de llenar tu vida con amor hacia todos, te olvidas de la persona que más importa, la única que deberías mimar y cuidar hasta altas horas de la noche. Cuando está enferma, cuando está triste o simplemente necesite una palmadita en la espalda. Esa persona que necesita a todas horas que le hagan cumplidos, que reconozcan su trabajo o sus esfuerzos. Esa persona eres tú. Y me parece increíble que esta parte que despierta de ti sólo a últimas horas de la noche cada cierto tiempo te lo tenga que decir. Porque al fin y al cabo, también me afecta a mí. Tú eres la única a la que deberías entregar tu amor incondicional.


Porque quizás llega el día que la necesitas, que ya no queda nadie a tu alrededor con el cual suplir esa necesidad de afecto. Y te encontrarás con un triste globo deshinchado que no has cuidado nunca. Algo vacío, sin ganas de seguir adelante. Porque le ha faltado amor, porque se lo has dado a otros.


Piensalo un poco, no me hagas volver a salir para explicártelo.  

domingo, 19 de julio de 2015

Hay que follarse a las mentes, Martin

http://m.imdb.com/title/tt0119626/

Hola Martín. Cuando parece que ya todo el mapa esta descubierto y pensamos que no nos queda nada por aprender, ocurre. Tampoco es que haya sido un gran desastre. No, para nada, al contrario. Hay que aprender de los pequeños retos que nos pone la vida, con el fin de encontrar nuestro camino. Para llegar un buen día que podamos prever nuestro siguiente paso. No andando a la ligera, sino con paso firme, con energía, con ganas y con rasmia.

Incluso cuando la levedad de la vida se hace tan insoportable como el grito de un bebé en pleno autobús saturado de gente. En un autobús saturado de gente en que nadie quiere estar ahí y lo que más anhela lo acaba de perder hace aproximadamente unos minutos. La única mente sabia es capaz de gritar a pleno pulmón que no está cómodo, que necesita otra cosa. Y nos lo comunica. También es probable que nos tenga a todos por idiotas, por no haber querido quedarnos en la cama.

Bueno Martín, lo único que me gustaría decirte es que me gustaría que encontraras tu camino en la vida. Es decir, que sepas por donde tirar. Un camino mutable, dinámico. Pero que encuentres una referencia. Y sobre todo, se feliz. No bases tampoco tu felicidad en este camino, sino en su búsqueda. Es importante saber ver la diferencia.

Apóyate en la gente. Se capaz de distinguir al buen amigo, aunque ni ellos mismos sepan verse como tal. Encuentra la chispa que en su día te hizo acercarte a ellos, y nunca la olvides. Hay que amar a las mentes Martín.

domingo, 12 de julio de 2015

Adiós, adiós

Hará un tiempo que el patito feo se convirtió en un hermoso cisne, cuando su adolescencia acabó y decidió tomar las riendas de su vida de una vez por todas. Fue un cambio drástico, pero no tan drástico como se imaginaba. En su cuerpo ha seguido sintiendo cambios que le hacían crecer, unos a diario y otros que solo era capaz de entender pasados unos meses.

El patito feo no se convirtió en un precioso cisne de la noche a la mañana. De hecho, hay noches que sigue sintiéndose como el patito feo. Pequeño, tímido. A veces se hace un ovillito en su nido y se queda dormido, sumido en sus pensamientos. El patito feo sigue llorando cuando alguien daña sus sentimientos, aunque ha aprendido que vale más 5 minutos de sollozos que una noche en vela sin atreverse a llorar.

El patito feo se atreve a hacer camino por donde pasa. No encuentra motivo para seguir a nadie, sino que quiere que los demás le sigan. Y que solo unos pocos le acompañen. No quiere estar preocupado de si el camino agrada a unos o molesta a otros. El quiere seguir su propio camino.

Aunque a veces se tropiece y se magulle las patitas, él va por donde quiere. A veces echa la vista atrás y contempla todos los caminos por los que ha pasado, sin creerse lo que hizo en algunos tramos sólo por contentar a alguien. Alguien que en una bifurcación tomó otro camino. O simplemente se adelantó y no le esperó.

Nota como a veces el pecho se le hincha de orgullo por el trabajo bien hecho. Patito feo adora ahora esta sensación. Antes sólo le habría supuesto vergüenza y miedo de que alguien se burlara de él.

Patito feo ha crecido, no quepa duda. Sin embargo a veces sigue balbuceando al decir palabras importantes o dudando a la hora de tomar decisiones cruciales. Tiene que aprender a dejar todo eso de lado, decir adiós a su pasado y poner punto y final a algunas etapas de su vida. Adiós, adiós. Olvidarse de los demás patitos y empezarse a preocupar por los verdaderos cisnes.

domingo, 14 de junio de 2015

Super Vanilla Girl


Super Vanilla Girl surca los cielos con el puño por delante y saludando con la otra mano. Super Vanilla Girl tiene visión de rayos X, su portentosa mirada atraviesa muros y paredes, haciéndola capaz de detectar cualquier problema.

Super Vanilla Girl hace un esfuerzo todas las mañanas por levantarse de la cama, y realizar todas sus tareas con pasmosa eficacia y detalle. Le encanta que todo quede fino, agradable para los demás. Super Vanilla Girl quiere contentar a todos, que todos estén lo más a gusto a su alrededor. No soporta que un detalle no sea correcto, que un pelo no esté en su sitio, o que alguien se sienta disgustado por algo. Sin Super Vanilla Girl, la ciudad sería completamente distinta.

Lo que tiene Super Vanilla Girl es que también es invisible, a voluntad. Le gusta hacer su trabajo, y cuando lo termina, le gusta observarlo desde la distancia. Le encanta atribuirse cosas, pero cuando en raras ocasiones se lo atribuyen otros, suele desmentirlo. Super Vanilla Girl es tímida, pero no por ello introvertida. Y hace mal, desmintiendo a los demás. Provoca que los demás se acostumbren a ella. A su presencia.

Super Vanilla Girl es lo que tiene. No es que sea adorada por todos, pero tampoco incomoda que esté ahí. No entusiasma a nadie. Suele ser una buena acompañante de Chocolate man o Chantilly boy. Pero nunca nadie la busca por separado.

Super Vanilla Girl es algo que tiene que asumir, un terrible peso que llevar a sus espaldas. Una enorme responsabilidad.

Sin embargo, algunas noches le gustaría transformarse. Ser Lady Strawberry o incluso Madame Mint.

Nunca se sabe.

domingo, 17 de mayo de 2015

Va de nada

Señor Rana, ¡cuánto tiempo ha pasado! La última vez que hablamos estuvimos haciéndolo sobre el gazpacho. Menudo festín nos metimos. Todavía me repite la acidez de ese tomate, como si fuera ayer que me lo hubiera bebido. Pero, ¿no ha pasado ya lo suficiente, señor Rana?

Resultó que aprendí a cocinar, y quería dejárselo claro. Ya hago de todo, desde un risotto con setas hasta una buena tortilla de patata. Hago acelgas, hago borrajas, preparo lentejas para toda la semana. Me encantan los platos realmente cocinados, aunque a veces toque hacer dieta y comer un simple filete de pollo a la plancha con lechuga mustia.

Pero ya no importa, ¿sabe, señor Rana? Aprendí a diferenciar entre la macedonia y la ensalada. Puede engañar a simple vista, dependiendo si eres más fan de la fruta o del primer plato. Aprendí que hay que saber cocinar y que te cocinen. Que a veces la comida queda muy salada, o algo sosa, pero que sólo es una oportunidad de aprender. Que hay que seguir haciéndolo. Me di cuenta que me gusta todo, desde la aburrida manzana al exótico mango, pero que no hay que quedarse en las frutas.

Que hay que seguir probando, sin cesar. Cocinando y cocinando. Y que muchas comidas que en su día te parecían una maravilla, quedan atrás. Porque el kebab de carne ya no sabe igual. Ni el arroz tres delicias. Ni el brownie de chocolate blanco.

También quería compartir con usted que la vida no solo es comer. Que estar a dieta un par de semanas no profetiza el fin del mundo, y que hay gente que vive con menos y no se muere de hambre. Que ahí afuera hay tomates de todos los colores y formas.

Gracias señor Rana por volver a compartir un día más esta comida conmigo. Quizás en un futuro podamos compartir otra cosa, como un paseo por el parque, el humo de un cigarrillo a media noche o una partida al billar.

Le quiero, señor Rana.

domingo, 8 de febrero de 2015

Va de tríos

Puede ser que siempre me acuerde de los mismos, pero una de mis series favoritas de dibujos animados es, y siempre lo será, Futurama. Habla de tecnología, es scifi hasta cierto punto, pero lo que sobre todo me gusta es de las relaciones entre Fry, Leela y Bender. Ese trío que, dejando a un lado la relación de Fry y Leela, es la semilla de todas las aventuras que les ocurren.

Si se sigue adentrando algo más en el séptimo arte, te encuentras a Luke, Leia y Han; Woody, Buzz y Jessie; incluso Fiona, Shrek y Asno.

Existe un dicho que dice que dos son compañía, pero tres son multitud.

Supongo que podría haber esperado que os echaría de menos, y ciertamente así lo es. ¿Pero de verdad es necesario echar de menos algo que ya no te importa? ¿Qué se echa de menos? ¿Días pasados o días que podían haber sido?

Lo que se echa de menos es un sentimiento, una intención.

Siempre se puede luchar por algo, nunca es tarde si la dicha es buena... Eso dicen pero, ¿y si no lo es? Supongo que al menos siempre quitas las astillas clavadas.

Echo de menos a Luke y a Han, a Woody y a Buzz, a Shrek y a Asno.

Pero supongo que la princesa se marchitó, la vaquera dejó de pelear y al final sólo quedo Fiona.


lunes, 12 de enero de 2015

Joaquín


Para ti, todo detalle de tu vida tiene que ser perfecto. Los vestidos que luces, las sonrisas que regalas, el tintinear de tu risa o incluso los guiños que profieres a los que se merecen.

La vida no siempre es dulce ni amarga. Hay amargos que saben mejor que otros.

--

Y en estos mismos instantes en los cuales ni siquiera las palabras de Saint Exupery son capaces de tranquilizar a tu nervioso corazón, Joaquín te llama. No buscas verlo, no puedes verlo, sabes que no va a ser verdad. Y aún así, te asomas a la ventana. Ahí está, con su pelo revuelto, sus dientes maltrechos y el brillante diente dorado que parece que se ríe de ti cada vez que aparece en escena. Esta vez lleva entre los brazos un montón de flores recién cortadas, aunque a la luz de la farola no se vean, sabes que las acaba de arrancar de la urbanización de al lado. Aún no has conseguido acostumbrarte a este tipo de presentes, pero te siguen encantando. Es como si cada vez que Joaquín robara algo para ti, te regalara un pedazo de encanto del mundo. Te guiña un ojo de esa forma que tu conciencia sólo vuelve a ti una vez que ya has bajado a sus brazos.

Y te besa.

Te besa con esos labios ansiosos, con esos labios que te susurran que tú eres la única mujer en el mundo que merece la pena, te muerden con la fuerza que otros no se han atrevido a tener y sus manos te rodean como si quisieran secuestrarte para siempre.

Pero sabes que no es así.

Sabes que no siempre vuelve cuando promete. Sabes que jura mucho, y cumple poco. Por mucho que sus gestos te hagan ver que eres la única, sabes que no es cierto. Pero no te importa.

En ese momento se funden la luna y las estrellas, y la única cosa que importa es Joaquín y su mirada.

Cuando Joaquín se va, algo se queda en tu pecho. Restos de ese beso se acomodan en tu pecho y se niegan a salir. Y aunque el calor es dulce, al final se vuelve agobio. En tu pecho se sienta algo que se niega a levantarse, por mucho que llores, por mucho que le grites y le digas que jamás volverá a ocurrir.

Tiras las flores a la basura.

domingo, 11 de enero de 2015

Karma


El karma es un precioso globo que nos acompaña, siempre atado a nuestra espalda. Siempre detrás de nosotros como un fantasma silencioso que nos persigue. Pero esos globos que nos acompañan son invisibles a ojos de los demás. Deberíamos olvidar el sentido religioso del karma, e interpretarlo como que cada vez que cometemos un acto que pueda desequilibrar la balanza, se convierte en nuestra condena, en nuestra bola de hierro o nuestro globo de helio, que tira siempre tras nosotros.

Jota siempre andaba con un globo atado al pelo. Es por eso que siempre iba despeinada. Muchos de sus actos tiraban de su pelo, en muchas direcciones, algunas veces enredando su pelo alrededor del cuello.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...