domingo, 18 de diciembre de 2011


Y llegado el puente, María no sabe qué dirección tomar. Ha estado caminando durante días por un sendero dorado, lleno de vida, donde cada bocanada de aire sabía a algodón de azúcar, el sol calentaba su nuca y su sonrisa nunca se apagaba. Las cosas eran bellas por esos parajes. No se parecía en nada al sombrío lugar que había dejado hacía tiempo atrás. Por primera vez en su vida se sentía dichosa, pero notaba que algo la empujaba a avanzar. A volver a cambiar de lugar, a seguir explorando. El algodón de azúcar le seguía sabiendo bien y sabía que echaría de menos poder andar descalza por esos caminos de tierra blanda y olor a salmón. Notaba como si esa cosa le metiera prisa, un nudo en su pecho le acuciaba a caminar más rápido, a dirigir su mirada al horizonte, a no sentirse contenta con lo que ya tenía. Dejaba atrás muchas cosas, recuerdos cristalinos y puros que siempre guardaría en su corazón, lagartijas feas que había recogido por el camino, trozos de un mundo que le había cambiado, le había transformado en lo que ahora era.

María se apoya en la barandilla y observa el cauce del río. Lleva mucho caudal, y le salpica en las mejillas. A lo lejos ve un pato, empujado por la corriente, que se dirige hacia ella. El pato no hace ningún movimiento, se deja llevar por la corriente, como si le importara muy poco dónde le lleva. No parece asustado, ni con ganas de salir del río, simplemente sortea alguna piedra que se interpone en su camino. En el camino que le ofrece el río.

A María le gustaría ser como el pato. Le gustaría poder dejarse llevar, no cuestionarse dónde ir, no preguntarse a diario dónde acabará el camino. Le gustaría poder sortear con facilidad los obstáculos que se interponen en su camino, y dejarlos atrás cómo si jamás hubieran ocurrido.

martes, 13 de diciembre de 2011

Perdida en la ciudad vi a Indiferencia andando distraída, cada día,
Sin saber que yo existía, Su mirada ausente entre la gente no me seducía,
Demasiado fría, algo me decía “desconfía”,

Nach&Ismael Serrano - Ellas

miércoles, 7 de diciembre de 2011


http://www.youtube.com/watch?v=ill8s6BtW08

Je suis perdu.
A la pequeña Pandora se le da bien guardar secretos. Tiene sólo dos amigos de fiar, ella misma y su pequeño diario, en el cual anota sus fechorías, sus más obscuros pensamientos, su infinitud de sensaciones hacia el mundo que la rodea. A veces no le cuenta todo a su segundo amigo, ya que es incapaz de describirlo. Esa multitud de impresiones, plasmadas imposiblemente en el papel, la embriagan, y le hacen andar en círculos. Problemas sin solución, preguntas sin respuesta e ideas desordenadas. Cosas que jamás deberían ser sentidas, pequeños impactos en cada parte de su alma, que posteriormente dejan una breve marca. Una marca que queda perfilada. Un sello.




La pequeña Panda abre una botella, y toma un largo trago. Encuentra un par de pastillas en su bolso y se las traga. Bebe de nuevo. Aspira una calada a su casi acabado cigarrillo y se vuelve a tumbar en la cama. Toma la foto de la mesilla y la observa largamente.





La rompe en pedacitos y los deja caer sobre su cara.





Asiente.





Da la vuelta a la almohada y se echa a dormir. 




Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...