miércoles, 11 de diciembre de 2013

Casi

Y se encuentra sentada dentro de un pequeño café situado en el barrio latino. Ha escapado corriendo de ese lugar que la agobiaba, ensimismándola de manera tan violenta que se sentía encarcelada en su propio cuerpo. Ha corrido, ha trotado, se ha sentado en los bordillos de las aceras, ha dejado que los coches la empaparan salpicándola con los charcos sucios de la bella ciudad de París. Se ha tirado larga en los húmedos jardines que la ciudad le ofrecía y ha seguido llorando. Se ha reído sola en una esquina mientras fumaba, y posteriormente, ha tirado la colilla al suelo y la ha mirado con desprecio.

Pero ahí está ella, con una larga trenza negra, a un lado de la cara, que le llega hasta la cadera. La Stella Artois le resbala la garganta cuando la bebe, pero ahora ya nada importa. El croque-monsieur no tiembla mientras ella lo devora con la mirada.

Una lágrima brota y cae encima del queso. Algo de su ser se ha ido con el viajante, un pedacito de ella se ha ido, sin que ella quisiera. ¿Cómo ha podido dejar que la afectara tanto? Cuando por fin había llegado a la conclusión de que había tomado al fin las riendas de su vida, aparece él. Nunca aprenderá, siempre seguirá siendo aquella niña asustada, aquella que necesita direcciones, y luces de emergencia y un controlador aéreo para que vea el camino.

Sigue bebiendo, prometiéndose a sí misma que volverá a ser una mujer independiente, que no se dejará amilanar por la soledad.

Camus la espera en su bolso, impaciente, deseando que ella lo descubra. Pero ella no se atreve siquiera a levantar el brazo para cogerle, para descubrirle y aprender de un mundo nuevo. Se siente simple, torpe, inválida. Ha perdido una extremidad que le hacía falta, ya no tiene lo que la hacía atreverse a lo nuevo, a lo desconocido.


Le encantaría volver a cuando llevaba trenzas, a cuando 1984 era simplemente un libro raro que le había abierto una visión de un mundo nuevo, y un mundo feliz era un mundo lleno de probetas. Cuando no tenía miedo a atreverse, a probar, a fallar. Y a veces, incluso a tener éxito.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...