martes, 24 de mayo de 2016

Maldita

Ella era simplemente una chica gordezuela que solía pasearse entre las faldas de la abuela pidiéndole la merienda. A veces era pan con chocolate y otras era pan con queso.

Entonces ella no lo sabía, pero iba a cambiar el destino del mundo. Ella iba a ser la heroína que derrotara al mal en la tierra. La que haría huir a los demonios con sólo un chasquear de dedos o unas pocas palabras.

Sí, esa era ella. La que una mirada haría que toda la humanidad se arrodillara ante ella. Y no por soberbia, sino a oleadas de humildad. Ella podría con todas las enfermedades, acabaría con la pobreza, erradicar la injusticia.

Pero ella les había traicionado. Se había dejado llevar por los pequeños placeres inmediatos y había olvidado cual era el objetivo final. Derrotar al demonio. Acabar con el mal.

Y lo sabía y le reconcomía por dentro. Había olvidado su promesa. Había olvidado su sufrimiento.

Ya no era la heroína que todos esperaban.

Era su propia heroína.

domingo, 8 de mayo de 2016

Confía

La pequeña Pandora no se fía ya ni de su sombra. Hoy ha salido a dar una vuelta por el centro de la ciudad. paquete de tabaco en mano, libro de Chuck Palahniuk en la otra, música agotadora en sus oídos y un murmullo incensable en el metro. Tiene una media ahora hasta la catedral de Notre Dame, su rincón favorito de la capital francesa, y una tarde deliciosa por delante. A las orillas del Sena aposenta su enorme culo en el suelo, manchándose la falda de posos de la contaminación parisina. Allí lee.

Lee hasta que se hace de noche, mientras miles de turistas se pelean unos con los otros para salir mejor en la foto. Poco a poco los turistas empiezan a desaparecer y aparece otro tipo de personas. Decenas de estudiantes que buscan aprovechar la frescura de la noche a las orillas del Sena.

Se levanta, se sacude la horrible falda de pana y echa a andar.

Pasea mucho, mucho rato. Y por su cabeza siempre el mismo pensamiento.

La sensación de echar de menos a alguien es distinta en cada caso. La mayor parte de la gente suele tener siempre una parecida, la sensación de vacío que deja alguien cuando se va. Como una cama vacía, todavía deshecha, como un hueco en el sitio donde antes había un cepillo de dientes, o una almohada en el sofá sin usar. El silencio en el ambiente por una frase que debería haberse pronunciado, o una risa que se haría de esperar. Se echa de menos una mano en la espalda, o un rincón desocupado en la mesa.

Existe también la nostalgia de echar de menos otra cosa. El poder hacer un rollback de una historia, encontrar el punto exacto en el que las cosas todavía eran evitables. En este caso no es que se eche de menos a alguien, es que se echa de menos el no conocerlo. El no haber vivido todas las experiencias con esa persona. Con el único objetivo de no sufrir o de no seguir sufriendo.

Olvidar esa parte para darte cuenta que si lo hicieras, volverías a caer en el mismo error, porque no cuentas con la experiencia que ya has adquirido.

Panda sigue andando, sigue fumando. El sol termina por caer y ella se mete en el RER B.

lunes, 2 de mayo de 2016

La puños

La puños es la asesina más temida de todo Zaragoza. Se habla de ella como la chica invisible, la que es capaz de completar un trabajo los diez segundos en los que la víctima se da cuenta de su situación y le da tiempo a decir "qué caraj..". Tiene la inmaculada belleza de una mujer que no es bella en absoluto, pero el poder ha vuelto bella. La firmeza de sus músculos, la fiereza de sus negros ojos que clava en tu nuca y no suelta hasta que ella decide. Sus manos, siempre suaves y nunca desgastadas laten debajo de los guantes que utiliza en su miserable tarea.

La puños aparece cuando se le ofrece una suma importante por su trabajo. O cuando a ella le parece importante. Dependiendo de lo que le ofrezcas, cierra antes el pedido. A veces, te pide algún favor, en vez de dinero. Cosas que ella no es capaz. Encargos propios.

La puños es incapaz de querer a nadie que no sea su saco de boxeo. Y realmente lo quiere, aunque lo apalice tarde sí y tarde también. Porque es así como demuestra su cariño. Con violencia y pasión.

Sólo una vez desarrolló un sentimiento. Un sentimiento que la hizo cambiar, que le hizo sentir algo más que el calor y el sudor en sus músculos cuando boxeaba. Cuando mataba.

Acabó estrangulando el sentimiento con sus mismas manos. Y cuando acabó, se echó a reír, observando su cadáver y lamentándose de como una cosa tan insignificante pudiera provocarle tantos dolores de cabeza.

Al loro del beef

Justamente cuando te pensabas que tu época adolescente ya acabó, te tomas literalmente dos unidades de cerveza y decides volver a ponerte a ...