Hace mucho que Tina
no escribe. Y eso la agobia un poco. Le entra estrés cada vez que ve
un lápiz y su vieja libreta usada. Su vida ha dado muchas vueltas, y
ya no es la que era. Pero la que sí que sigue siendo la misma es
Tina, con sus miedos e inseguridades.
Antes tenía tiempo
para sentarse a escribir. Eran unos pocos minutos al día en los que
vomitaba todos sus sentimientos en un papel. Era como darse una ducha
parar limpiar todo aquellos pensamientos que acarreaba a lo largo del
día.
No quiere decir que
ahora no tenga todos esos sentimientos. Claro que los tiene, incluso
un buen puñado de sensaciones nuevas que nunca había tenido. Lo que
pasa es que nunca encuentra ni el tiempo ni las formas de sentarse al
lado de una buena taza de té y expulsarlos de su sistema.
Sigue teniendo
miedos. Sigue teniendo ansiedad, sigue quedándose sin respiración.
Incluso cuando es todo un ejemplo para los demás de paciencia y
diplomacia, por dentro siente como si fuera una loca tirándose de
los pelos. Es increíble lo fácil que es hacerse pasar por sensata
en estos tiempos.
Lo poco que esctibe
no la convence, y muy pronto deja de lado el lápiz y se pone a leer
otra cosa. Cosas que no le aportan mucho, pero que le hacen separar
su mente de otros asuntos más importantes.
Y se da cuenta que
por mucho que crezca o por mucho que piense que su vida avanza,
siempre habrá otros nuevos desafíos, otros nuevos retos.
Otros nuevos miedos
y dilemas.
China chana
deberá ser pues.