domingo, 5 de marzo de 2017

Tina


Hace mucho que Tina no escribe. Y eso la agobia un poco. Le entra estrés cada vez que ve un lápiz y su vieja libreta usada. Su vida ha dado muchas vueltas, y ya no es la que era. Pero la que sí que sigue siendo la misma es Tina, con sus miedos e inseguridades.

Antes tenía tiempo para sentarse a escribir. Eran unos pocos minutos al día en los que vomitaba todos sus sentimientos en un papel. Era como darse una ducha parar limpiar todo aquellos pensamientos que acarreaba a lo largo del día.

No quiere decir que ahora no tenga todos esos sentimientos. Claro que los tiene, incluso un buen puñado de sensaciones nuevas que nunca había tenido. Lo que pasa es que nunca encuentra ni el tiempo ni las formas de sentarse al lado de una buena taza de té y expulsarlos de su sistema.

Sigue teniendo miedos. Sigue teniendo ansiedad, sigue quedándose sin respiración. Incluso cuando es todo un ejemplo para los demás de paciencia y diplomacia, por dentro siente como si fuera una loca tirándose de los pelos. Es increíble lo fácil que es hacerse pasar por sensata en estos tiempos.

Lo poco que esctibe no la convence, y muy pronto deja de lado el lápiz y se pone a leer otra cosa. Cosas que no le aportan mucho, pero que le hacen separar su mente de otros asuntos más importantes.

Y se da cuenta que por mucho que crezca o por mucho que piense que su vida avanza, siempre habrá otros nuevos desafíos, otros nuevos retos.

Otros nuevos miedos y dilemas.

China chana deberá ser pues.

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