sábado, 28 de junio de 2014

Cambio

Estos últimos meses mis manos no acababan de sentirse cómodas en el teclado. Y te diré porqué, es una época de cambio. De llorar viejos momentos y tener miedo a los nuevos. De llorar a los muertos y alegrarse por los vivos. 

A veces, se llora más por los muertos. El recuerdo de una persona puede interferir en todos los aspectos de tu vida, y eso no significa que antes no fuera importante para ti. El desempeño de incluso la más pequeña de las labores se convierte en un Everest imposible de culminar, e incluso aunque la subida al monte sea satisfactoria, nunca más será como lo era antes. 

Con muertos, me refiero a las personas que nos abandonaron, a las personas que ya no están literalmente a nuestro lado. Algunas tomaron caminos distintos, y eso está bien, pero no por ello se llora menos. De hecho, a veces se llora de felicidad porque encontraron su camino.

También me refiero como muertos a momentos que no volverán, actividades que ya tocaron a su fin. Cosas que ya no volverán a ser lo que eran.

Los vivos y los neonatos son actividades y seres que aparecen en nuestras vidas. Es normal temerlos en un principio, pero con el paso del tiempo, se les coge confianza. A veces, se comparten recuerdos antiguos y recuerdos nuevos. Pocas. 

Estamos en una época de cambio. 

Lo peor de todo es la sensación de que no puedes alegrarte por los vivos porque todavía continuas llorando a los muertos.

 

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