domingo, 19 de octubre de 2014

Cosas que se escapan

Alex pasaba las tardes escuchando el eterno silencio en su pequeño estudio de Pont d'Alma. A veces, interrumpido por el goteo de un grifo mal cerrado o por la música del vecino, también encerrado en un estudio como el suyo. Alex a veces se preguntaba porque no andaba tres pasos y llamaba a su puerta, poniendo fin a la soledad que sufrían los dos. Más tarde aprendió que París es un lugar solitario y no por ello, menos bello. La gente fuma sus cigarros, y toma sus cafés noissettes totalmente solos, observando el infinito, y quizás pensando en sus vidas bohemias. Esas vidas bohemias que ya fallan en su propia definición, muy distintas al término original de la palabra y que se basan en correr de un lado a otro, asistiendo a compromisos sociales ineludibles. Personas que realmente importan poco o directamente nada, pero forman parte de todo el conglomerado parisino, de una maquinaria perfecta que funciona lenta, pero eficazmente.

Ah Paris, Paris, bella ciudad de la luz, siempre estarás en mis pensamientos.

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