Ese grito sordo a la desesperada en mitad de la noche,
como un llanto fantasmal que siempre está ahí,
el tic-tac del reloj de la cocina a medianoche,
y el runrún del motor de la nevera.
Sin dejarte dormir, ni tú dejar a nadie. Callado pero latente y sin oficio ninguno, sólo ruido.
Harías cualquier cosa por que parara, por introducirle un paño en la boca y apretar su tráquea hasta que callara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario