¿Sabes esas
películas de autosuperación en las que sabes seguro que, por muchas
dificultades que se interpongan en el camino del protagonista, éste
llegará sano y salvo al final? Y aunque no llegue de manera exitosa,
en el último momento se verá que todo el trayecto ha merecido la
pena.
Pero sin embargo,
otras vidas son como las de los gatos. Pero no de un gato doméstico
no, para nada. Los gatos domésticos son mimosones y caprichosos.
Puede ser que haya vidas así, pero no ésta que estoy intentando
describir. Me estoy refiriendo a una vida de gato nocturno,
callejero. Que salta de tejado en tejado, buscando algo. A veces,
puede que no sepa ni siquiera qué busca. Puede ser que haya cazado
un par de ratones, que ya haya comido, pero ni aún así está
saciado. Muchas veces se dice que la curiosidad mató al gato, pero
aún así, sigue indagando. Indaga en algo que ni siquiera conoce. Su
vida transcurre durante una noche demasiado oscura como para ver el
final del camino, y cuando empieza a clarear, busca un sitio para
dormir, así que nunca llega a ver la luz. Y un buen lector aquí se
preguntaría que porqué el gato no hace sus averiguaciones por la
mañana, a plena luz. La respuesta es simple: sería demasiado fácil.
Quizás porque realmente ya conoce las respuestas a todas sus
preguntas, pero que quiere hacer como que no las sabe. Que sabe que
su vida carecería de sentido si algún día consiguiera su objetivo.
El motor que le hace seguir saltando entre los tejados.
Está claro que la
vida del gato es solitaria. Puede que se cruce con otros gatos por el
camino, gatos más caseros incluso. Algunas de estas veces se cruza
con gatos más salvajes que él. A veces le arañan, o le maúllan
con envidia. En esas ocasiones suele intentar huir. Frecuentemente
quieren arañarle. A veces lo consiguen...
No sé porque
intentas engañarte tanto. Crees que quieres demasiado a la gente,
pero el intentar querer a todos y a cada una de las personas que
muestran un mero interés por ti, no te ayuda. No te hace más
fuerte. No te hace mejor persona. Te hace débil e incompetente. En
un burdo intento de llenar tu vida con amor hacia todos, te olvidas
de la persona que más importa, la única que deberías mimar y
cuidar hasta altas horas de la noche. Cuando está enferma, cuando
está triste o simplemente necesite una palmadita en la espalda. Esa
persona que necesita a todas horas que le hagan cumplidos, que
reconozcan su trabajo o sus esfuerzos. Esa persona eres tú. Y me
parece increíble que esta parte que despierta de ti sólo a últimas
horas de la noche cada cierto tiempo te lo tenga que decir. Porque al
fin y al cabo, también me afecta a mí. Tú eres la única a la que
deberías entregar tu amor incondicional.
Porque quizás llega
el día que la necesitas, que ya no queda nadie a tu alrededor con el
cual suplir esa necesidad de afecto. Y te encontrarás con un triste
globo deshinchado que no has cuidado nunca. Algo vacío, sin ganas de
seguir adelante. Porque le ha faltado amor, porque se lo has dado a
otros.
Piensalo un poco, no
me hagas volver a salir para explicártelo.
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