Hará un tiempo que el patito feo se convirtió en un hermoso cisne, cuando su adolescencia acabó y decidió tomar las riendas de su vida de una vez por todas. Fue un cambio drástico, pero no tan drástico como se imaginaba. En su cuerpo ha seguido sintiendo cambios que le hacían crecer, unos a diario y otros que solo era capaz de entender pasados unos meses.
El patito feo no se convirtió en un precioso cisne de la noche a la mañana. De hecho, hay noches que sigue sintiéndose como el patito feo. Pequeño, tímido. A veces se hace un ovillito en su nido y se queda dormido, sumido en sus pensamientos. El patito feo sigue llorando cuando alguien daña sus sentimientos, aunque ha aprendido que vale más 5 minutos de sollozos que una noche en vela sin atreverse a llorar.
El patito feo se atreve a hacer camino por donde pasa. No encuentra motivo para seguir a nadie, sino que quiere que los demás le sigan. Y que solo unos pocos le acompañen. No quiere estar preocupado de si el camino agrada a unos o molesta a otros. El quiere seguir su propio camino.
Aunque a veces se tropiece y se magulle las patitas, él va por donde quiere. A veces echa la vista atrás y contempla todos los caminos por los que ha pasado, sin creerse lo que hizo en algunos tramos sólo por contentar a alguien. Alguien que en una bifurcación tomó otro camino. O simplemente se adelantó y no le esperó.
Nota como a veces el pecho se le hincha de orgullo por el trabajo bien hecho. Patito feo adora ahora esta sensación. Antes sólo le habría supuesto vergüenza y miedo de que alguien se burlara de él.
Patito feo ha crecido, no quepa duda. Sin embargo a veces sigue balbuceando al decir palabras importantes o dudando a la hora de tomar decisiones cruciales. Tiene que aprender a dejar todo eso de lado, decir adiós a su pasado y poner punto y final a algunas etapas de su vida. Adiós, adiós. Olvidarse de los demás patitos y empezarse a preocupar por los verdaderos cisnes.
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