domingo, 7 de septiembre de 2014

Felicidad

Algunos de los más grandes relatos se escriben cuando uno está triste. Eso es tan cierto como el teorema de Pitágoras o el de Poincaré. Pero eso no quita que no se pueda escribir también a las grandes alegrías, a los  pequeños amores, a los días perfectos o a las tardes tranquilas de paseo.

No quiero complicarme la vida, quiero algo sencillo, divertido. No quiero dramas apasionados, quiero pura y llanamente una comodidad. Quiero un paseo por la playa, un cortado con Baileys y una ginebra con limón. Quiero alguien que me agarre de la mano y me entienda en las cosas que a mí me parecen tan lógicas, tan directas. Quiero no tener que lidiar con pequeños problemas cotidianos. Compenetrarme con alguien de una manera tan cómoda, que sea lo más natural que se pueda. Quiero ir al cine y no discutir la película que ver, o discutirla un poquito. Quiero alguien tan perfecto e imperfecto como yo.

Me gustaría desarrollarme profesionalmente. Encontrar el área en la que quiero dejarme la piel, y hacerlo. Que esa persona me acompañe, pero no me interrumpa. Y no interrumpirla yo a ella. Sentir su trote a mi lado, quizás algunas veces delante, otras detrás. No sentir que necesito que estire de mí, por muy lejos que esté, o al revés.

Como un día dijo el autor de El Principito, Saint-Exupéry,

Aimer, ce n'est pas se regarder l'un l'autre, c'est regarder ensemble dans la même direction.

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